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12 de noviembre de 2011

Lluvia oblicua. Última

VI

O maestro sacode a batuta,

a lânguida e triste a música rompe...

Lembra-me a minha infância, aquele dia

em que eu brincava ao pé dum muro de quintal

atirando-lhe com uma bola que tinha dum lado

o deslizar dum cão verde, e do outro lado

um cavalo azul a correr com um jockey amarelo...

Prossegue a música, e eis na minha infância

de repente entre mim e o maestro, muro branco,

vaim e vem a bola, ora um cão verde,

ora um cavalo azul com um jockey amarelo...

Todo o teatro é o meu quintal, a minha infância

está em todos os lugares, e a bola vem a tocar música,

uma música triste e vaga que passeia no meu quintal

vestida de cão verde tornando-se jockey amarelo...

(tão rápida gira a bola entre mim e os músicos...)

Atiro-a de encontra à minha infância e ela

atravessa o teatro todo que está aos meus pés

a brincar com um jockey amarelo e um cão verde

e um cavalo azul que aparece por cima do muro

do meu quintal... e a música atira com bolas

à minha infância... e o muro do quintal é feito de gestos

de batuta e rotaçoes confusas de cães verdes

e cavalos azuis e jockeys amarelos...

Todo o teatro é um muro branco de música

por onde um cão verde corre atrás de minha saudade

da minha infâcia, cavalo azul com um jockey amarelo...

E dum lado para o outro, da direita para a esquerda,

donde há arvores e entre os ramos ao pé da copa

com orquestras a tocar música,

para onde há filas de bolas na loja onde a comprei

e o homem da loja sorri entre as memórias de minha infância...

E a música cessa como um muro que desaba,

a bola rola pelo despenhadeiro dos meus sonhos interrompidos,

e do alto dum cavalo azul, o maestro, jockey amarelo tornando-se preto

agradece, pousando a batuta em cima da fuga dum muro,

e curva-se, sorrindo, com uma bola branca em cima da cabeça

bola branca que lhe desaparece pelas costas abaixo...


VI

El maestro agita la batuta

lánguida y triste la música irrumpe...

Recuerdo mi infancia, aquel día

en que jugaba al borde del muro del patio

lanzándole una pelota que tenía de un lado

el deslizar de un perro verde, y del otro,

un caballo azul corriendo con un jockey amarillo...

La música sigue, y es mi infancia,

de repente, entre el maestro, muro blanco, y yo,

va y viene la pelota, ahora un perro verde,

ahora un caballo azul con un jockey amarillo...

Todo el teatro es mi patio, mi infancia

está en todas partes, y la pelota viene tocando música,

una música triste e indecisa que pasea por mi patio

vestida de perro verde que se vuelve jockey amarillo...

(Tan rápido gira la pelota entro mi y los músicos...)

Lanzo la pelota contra mi infancia

y atraviesa el teatro que está a mis pies

jugando con un jockey amarillo y un perro verde

y un caballo azul que aparece por encima del muro

de mi patio... y la música lanza pelotas

a mi infancia... y el muro del patio está hecho de movimientos

de batuta y rotaciones confusas de perros verdes

y caballos azules y jockeys amarillos...

Todo el teatro es un muro blanco de música

por donde corre un perro verde tras la saudade

de mi infancia, caballo azul con un jockey amarillo...

Y de uno a otro lado, de derecha a izquierda,

donde hay árboles y entre las ramas al borde de la copa

con orquestas que tocan música,

hasta donde hay filas de pelotas en la tienda donde la compré

y el hombre de la tienda sonríe

entre los recuerdos de mi infancia...

Y la música cesa como se derrumba un muro,

la pelota rueda por el despeñadero de mis sueños que se interrumpen,

y desde lo alto de un caballo azul, el maestro, jockey amarillo volviéndose negro,

agradece, dejando la batuta sobre la fuga de un muro,

y se inclina, sonriendo, con una pelota blanca sobre su cabeza,

pelota blanca que resbala por su espalda...

30 de octubre de 2011

Lluvia oblicua. Quinta

V



Lá fora vai um redemoinho de sol os cavalos do carroussel...
Árvores, pedras, montes, bailam parados dentro de mim...
Noite absoluta na feria iluminada, luar no dia de sol lá fora,
e as luzes todas da feira fazem ruídos dos muros do quintal...
Ranchos de raparigas de bilha à cabeça
que passam lá fora, cheias de estar sob o sol,
cruzam-se com grandes grupos peganhentos de gente que anda na feira,
gente toda misturada com as luzes das barracas, com a noite e com o luar,
e os dois grupos encontram-se e penetram-se
até formarem só um que é os dois...
A feira e as luzes da feira e a gente que anda na feira,
e a noite que pega na feira e a levanta no ar,
andam por cima das copas das árvores cheias de sol,
andam visivelmente por baixo dos penedos que luzem ao sol,
aparecem do outro lado das bilhas que as raparigas levam à cabeça,
e toda esta paisagem de primavera é a lua sobre a feira,
e toda a feira com ruídos e luzes é o chão deste dia de sol...
De repente alguém sacode esta hora dupla como numa peneira
e, misturado, o pó das duas realidades cai
sobre as minhas mãos cheias de desenhos de portos
com grandes naus que se vão e não pensam em voltar...
Pó de oiro branco e negro sobre os meus dedos...
as minhas mãos são os passos daquela rapariga que abandona a feira,
sola e contente como o dia hoje...


V


Allá afuera van en un remolino de sol los caballos del carrusel...
Árboles, piedras, montañas bailan fijas en mi...
Noche absoluta en la feria iluminada, luna llena en el día soleado allá afuera,
y las luces de la feria hacen ruido en las paredes del patio...
Rebaños de muchachas con cántaros en la cabeza
que pasan allá afuera, llenas de estar bajo el sol,
se cruzan con grupos pegajosos de gente que anda por la feria,
gente mezclada con las luces de las barracas, con la noche y la luna llena,
y los dos grupos se encuentran y compenetran
hasta formar sólo uno que es ambos...
La feria y las luces de la feria y la gente que camina por la feria,
y la noche que viene con la feria y la lleva por los aires,
caminan por encima de las copas de los árboles llenas de sol,
caminan visiblemente bajo las peñas que relucen al sol,
aparecen al otro lado de los cántaros que las muchachas llevan en la cabeza
y todo este paisaje de primavera es la luna sobre la feria,
y toda la feria con sus ruidos y sus luces es el suelo de este día de sol...
De pronto alguien sacude esta hora doble como en un tamiz
y, mezclado, el polvo de las dos realidades cae
sobre mis manos llenas de planos de puertos
con grandes naves que parten y no piensan en volver...
Polvo de oro blanco y negro sobre mis dedos...
Mis manos son los pasos de aquella muchacha que abandona la feria,
sola y contenta como el día de hoy...


23 de octubre de 2011

Lluvia oblicua. Cuarta parte

IV

Que pandeiretas o silencio deste quarto!...
As paredes estão na Andaluzia...
há danças sensuais no brilho fixo da luz...
de repente todo o espaço pára...,
pára, escorrega, desembrulha-se...,
e num canto do teto, muito mais longe do que ele está,
abrem mãos brancas janelas secretas
e há ramos de violetas caindo
de haver uma noite de Primavera lá fora
sobre o eu estar de olhos fechados...

IV

¡Qué panderetas el silencio de este cuarto!...

Las paredes están en Andalucía...

Danzas sensuales en el brillo fijo de la luz...

De repente todo el espacio se detiene...,

se detiene, resbala, se aclara...,

y en un rincón del techo, mucho más lejos de donde está,

blancas manos abren ventanas secretas

y ramos de violetas caen

de la noche de Primavera que hay afuera

sobre mi estar de ojos cerrados...

8 de octubre de 2011

Lluvia oblicua. Tercera parte

III

A Grande Esfinge de Egito sonha por este papel dentro...

Escrevo –e ela aparece-me a través da minha mão transparente

e ao canto do papel erguem-se as pirâmides...

Escrevo –perturbo-me de ver o bico da minha pena

ser o perfil de rei Quéops...

De repente paro...

Escureceu tudo... caio por um abismo feito de tempo...

Estou soterrado sob as pirâmides a escrever versos à luz clara deste candeeiro

e todo o Egito me esmaga de alto a través dos traços que faço com a pena...

Ouço a Esfinge rir por dentro

o som da minha pena a correr no papel...

Atravessa o eu não poder vê-la uma mão enorme,

varre tudo para o canto do teto que fica por detrás de mim,

e sobre o papel onde escrevo, entre ele e a pena que escreve

jaz o cadáver do rei Quéops, olhando-me com olhos muito abertos,

e entre os nossos olhares que se cruzam corre o Nilo

e uma alegria de barcos embandeirados erra

numa diagonal difusa

entre mim e o que eu penso...

Funerais do rei Quéops em ouro velho e Mim!

III


La Gran Esfinge de Egipto sueña dentro de este papel...

Escribo –y ella aparece a través de mi mano transparente

y al borde del papel se yerguen las pirámides...

Escribo –me perturba ver que la punta de mi pluma

es el perfil del rey Keops...

Me detengo...

Todo oscurece... caigo en un abismo hecho de tiempo...

Estoy sepultado bajo las pirámides escribiendo versos a la clara luz de este candelero

y todo Egipto cae sobre mí en los trazos que hago con la pluma...

Oigo a la Esfinge reír por dentro

el sonido de mi pluma recorre el papel...

una mano enorme atraviesa el yo no poder verla,

barre todo hacia el rincón del techo que queda detrás de mí,

y sobre el papel donde escribo, entre él y la pluma que escribe

yace el cadáver del rey Keops, mirándome con ojos muy abiertos,

y entre nuestras miradas que se cruzan corre el Nilo

y una alegría de barcos abanderados vaga

en una diagonal difusa

entre mí y lo que pienso...

¡Funerales del rey Keops en oro viejo y en Mí!...

3 de octubre de 2011

Segunda entrega de Lluvia oblicua

II


Ilumina-se a igreja por dentro da chuva deste dia,

e cada vela que se acende é mais chuva a bater na vidraça...

Alegra-me ouvir a chuva porque ela é o templo estar aceso,

e as vidraças da igreja vistas de fora são o som da chuva ouvido por dentro...

O esplendor do altar-mor é o eu não poder quase ver os montes

através da chuva que é ouro tão solene na toalha do altar...

Soa o canto do coro, latino e vento a sacudir-me a vidraça

e sente-se chiar a água no fato de haver coro...

A missa é um automóvel que passa

através dos fiéis que se ajoelham em hoje ser um dia triste...

súbito vento sacode em esplendor maior

a festa da catedral e o ruído da chuva absorve tudo

até só se ouvir a voz do padre água perder-se ao longe

com o som de rodas de automóvel...

E apagam-se asl luzes da igreja

na chuva que cessa...


II


Se ilumina por dentro la iglesia en la lluvia de este día,

y cada vela que se enciende es más lluvia que golpea los vitrales...

Me alegra escuchar la lluvia porque ella es el templo encendido,

y los vitrales de la iglesia vistos por fuera son el ruido de la lluvia oído por dentro...

El esplendor del altar mayor es casi no poder ver las montañas

a través de la lluvia que es oro tan solemne en el mantel del altar...

Suena el cantar del coro, latín y viento me sacuden en los vitrales

y se siente rechinar el agua en el hecho de haber coro...

La misa es un automóvil que pasa

entre los fieles arrodillados en este día que es triste...

Un viento súbito sacude en mayor esplendor

la fiesta de la catedral y el ruido de la lluvia absorbe todo

hasta sólo escucharse la voz del padre agua perdida a lo lejos

entre el sonido de las ruedas del automóvil...

Y se apagan las luces de la iglesia

en la lluvia que cesa...

28 de septiembre de 2011

Pessoa ortónimo: Lluvia oblicua

I

Atravessa esta paisagem o meu sonho dum porto infinito

e a cor das flores é transparente das velas de grandes navios

que largam do casi arrastrando nas águas por sombra

os vultos ao sol daquelas árvores antigas...

O porto que sonho é sombrio e pálido

e esta paisagem é cheia de sol deste lado...

mas no meu espírito o sol deste dia é porto sombrio

e os navios que saem do porto são estas árvores ao sol...

Liberto em duplo, abandonei-me da paisagem abaixo...

o vulto do cais é a estrada nítida e calma

que se levanta e se ergue como um muro,

e os navios passam por dentro dos troncos das árvores

com uma horizontalidade vertical,

e deixam cair amarras na água pelas folhas uma a uma dentro...

Não sei quem me sonho...

Súbito toda a água do mar do porto é transparente

e vejo no fundo, como una estampa enorme que lá estivesse desdobrada,

esta paisagem toda, renque de árvores, estrada a arder em aquele porto,

e a sombra duma nau mais antiga que o porto que passa

entre o meu sonho do porto e o meu ver esta paisagem

e chega ao pé de mim, e entra por mim dentro,

e passa para o outro lado da minha alma...


I

Atraviesa este paisaje mi sueño de un puerto infinito

y el color de las flores es transparente al de las velas de los grandes navíos

que parten del muelle arrastrando como una sombra

los cuerpos al sol de aquellos árboles antiguos...

El puerto que sueño es sombrío y pálido

y el paisaje de este lado está lleno de sol...

Pero en mi espíritu el sol de este día es el puerto sombrío

y los barcos que salen del puerto son estos árboles al sol...

Doblemente libre, me abandoné del paisaje abajo...

El cuerpo del muelle es el camino nítido y tranquilo

que se alza y se yergue como un muro,

y los barcos pasan por dentro de los troncos de los árboles

en horizontalidad vertical,

y lanzan amarras en el agua, entre cada hoja...

No sé quién me sueño...

Súbitamente toda el agua del mar del puerto es transparente

y veo en el fondo, como enorme estampa que ahí se desdoblara,

todo este paisaje, vacío de árboles, camino que arde en aquel puerto,

y la sombra de un barco más antiguo que el puerto que pasa

entre mi sueño del puerto y la visión de este paisaje

y llega hasta mí y entra en mí

y pasa al otro lado de mi alma...

21 de mayo de 2011

Pessoa ortónimo: Abdicación

Tómame, oh noche eterna, en tus brazos
y nómbrame hijo tuyo. Soy un rey
que voluntariamente abandonó
su trono de sueños y cansancio.
Mi espada, pesada en brazos exhaustos,
en serenas y viriles manos entregué;
y mi cetro y corona -los dejé
en la antecámara, hechos pedazos.
Mi cota de malla, tan inútil,
mis espuelas, de un tañer tan fútil,
dejé en la fría escalera.
Me despojé de la realeza, cuerpo y alma,
y regresé a la noche serena y antigua
como el paisaje al morir del día.

6 de mayo de 2011

Segunda de Dois excertos de odes (Álvaro de Campos)

II

¡Ah, el crepúsculo, el anochecer, el encenderse las luces en las grandes ciudades
y la mano de misterio que apaga el bullicio,
y el cansancio de todo lo que en nosotros nos corrompe
para una sensación exacta y precisa y activa de la Vida!
Cada calle es el canal de una Venecia de tedios
y qué misterioso el fondo único de todas las calles,
de las calles al anochecer, ¡oh, Césario Verde, oh, Maestro,
oh, del Sentimiento de un occidental!

¡Qué inquietud profunda, qué deseo de otras cosas
que ni son países, ni momentos, ni vidas,
qué deseo tal vez de otros modos de estados de alma
humedece interiormente el instante lento y lejano!

Un horror sonámbulo entre luces que se encienden,
un pavor tierno y líquido, incrustado en las esquinas
como un mendigo de sensaciones imposibles
que no sabe quién le pueda dar...

Cuando muera,
cuando me vaya sin nobleza, como todos,
por aquel camino cuya idea no podemos confrontar,
por aquella puerta a la que, de poder asomarnos, no nos asomaríamos
para aquel puerto que el capitán del Navío no conoce,
sea en esta hora digna de los tedios que tuve,
en esta hora mística y espiritual y antiquísima,
en esta hora en que tal vez, hace mucho más tiempo del que parece,
Platón en sueños vio la idea de Dios
esculpir cuerpo y existencia nítidamente plausibles
dentro de su pensamiento hecho exterior como un campo.

Sea en esta hora que me llevéis a enterrar,
en esta hora que no sé cómo vivir,
en que no sé qué sensaciones tener o fingir que tengo,
en esta hora cuya misericordia es torturada y excesiva,
cuyas sombras vienen de cualquier cosa que no son las cosas,
cuyo paso no roza sus vestidos en el suelo de la Vida Sensible
ni deja su perfume en los caminos del Mirar.

Cruza las manos sobre la rodilla, oh compañera que no tengo ni quiero tener.
Cruza las manos sobre la rodilla y mírame en silencio
en esta hora en que no puedo ver que tú me miras,
mírame en silencio y en secreto y pregúntate a ti misma
-Tú, que me conoces- quién soy yo...


24 de marzo de 2011

Álvaro de Campos

DOS EXTRACTOS DE ODAS

(Finales de odas, naturalmente)


I


Ven, Noche antiquísima e idéntica,

Noche Reina nacida destronada,

Noche igual por dentro al silencio, Noche

con las estrellas lentejuelas rápidas

en tu vestido con flecos de Infinito.


Ven, vagamente,

ven, levemente,

ven solitaria, solemne, con las manos caídas

a tu costado, ven

y trae los montes distantes al pie de los árboles próximos,

funde en tu campo todos los campos que veo,

haz de la montaña un solo bloque en tu cuerpo,

apaga en ella todas las diferencias que veo desde lejos,

todos los caminos que la suben,

todos los árboles que la vuelven verde-oscuro a lo lejos.

Todas las casas blancas humeando entre árboles,

y deja sólo una luz y otra luz y otra más,

en la distancia imprecisa y vagamente perturbadora,

en la distancia súbitamente imposible de recorrer.


Nuestra Señora

de las cosas imposibles que buscamos en vano,

de los sueños que llegan a nosotros al crepúsculo, en la ventana,

de los propósitos que nos acarician

en las grandes terrazas de hoteles cosmopolitas

al sonido europeo de músicas y voces cerca y lejos,

y que duelen por saber que nunca realizaremos...

Ven y arrúllanos,

ven y acarícianos,

bésanos silenciosamente en la frente,

tan levemente en la frente que no sepamos que nos besan

sino por una diferencia en el alma.

Y un vago sollozo que parte melodiosamente

de lo más antiguo en nosotros,

donde tienen raíz todos esos árboles de maravilla

cuyos frutos son los sueños que acariciamos y amamos

porque los sabemos sin relación con la vida.


Ven solemnísima,

solemnísima y llena

de un oculto deseo de sollozar,

tal vez porque el alma es grande y la vida pequeña,

y ningún gesto sale de nuestro cuerpo,

y sólo alcanzamos hasta donde llegan nuestros brazos,

y sólo vemos hasta donde llegan nuestros ojos.


Ven, doliente,

Mater-Dolorosa de las Angustias de los Tímidos,

Turris-Ebúrnea de las Tristezas de los Despreciados,

mano fresca sobre la cabeza febril de los Humildes,

sabor de agua en los labios secos de los Cansados.

Ven, de lo profundo

del horizonte lívido,

ven y arráncame

de este suelo de angustia e inutilidad

en que florezco.

Arráncame de mi suelo, margarita olvidada,

hoja por hoja lee en mí no sé qué destino

y deshójame a tu gusto,

a tu gusto silencioso y fresco.

Una hoja mía lanza hacia el Norte,

donde están las ciudades de Hoy que tanto amé;

otra hoja mía lanza hacia el Sur,

donde están los mares que los Navegantes abrieron;

otra hoja mía arrójala a Occidente,

donde arde al rojo todo lo que tal vez sea el Futuro,

que sin conocer adoro;

y la otra, las otras, el resto de mí

arrójalo al Oriente,

al Oriente de donde viene todo, el día y la fe,

al Oriente pomposo, fanático y caliente,

al Oriente excesivo que nunca veré,

al Oriente budista, brahmánico, sintoísta,

al Oriente que es todo lo que nosotros no tenemos,

que es todo lo que nosotros no somos,

al Oriente donde -¿quién sabe?- Cristo tal vez aún viva,

donde quizá Dios realmente exista e imponga orden sobre todo...


Ven sobre los mares,

sobre los mares mayores,

sobre los mares sin horizontes precisos,

ven y pasa la mano por el dorse de la fiera,

y cálmala misteriosamente,

¡oh, domadora hipnótica de las cosas que se agitan mucho!


Ven, Noche silenciosa y extática,

ven a envolver en la Noche, manto blanco,

mi corazón...

Serenamente como una brisa en la tarde leve,

tranquilamente como el gesto materno que acaricia,

con las estrellas brillando en tus manos

y la luna misteriosa máscara en tu rostro.

Todos los sonidos suenan de otra manera

cuando vienes.

Cuando tú entras bajan todas las voces,

nadie te ve entrar.

Nadie sabe cuándo entras,

sino de repente, viendo que todo se recoge,

que todo pierde aristas y colores

y que en el alto cielo aún claramente azul

ya creciente nítido, o círculo blanco, o simple luz nueva que llega,


la luna comienza a ser real.

















4 de enero de 2011

Quinta de El guardador de rebaños

Bastante metafísica tiene el no pensar en nada.
¿Lo que pienso del mundo?
¡No tengo idea de lo que pienso del mundo!
De estar enfermo, pensaría en eso.
¿Qué idea tengo de las cosas?
¿Qué opinión tengo sobre las causas y los efectos?
¿Qué he pensado sobre Dios y el alma
y sobre la creación del mundo?
No sé. Para mí pensar en esto es cerrar los ojos
y no pensar. Es correr las cortinas
de mi ventana (que no tiene cortinas).

¿El misterio de las cosas? ¡No tengo idea de lo que es el misterio!
El único misterio es que hay quien piensa en misterios.
Quien está al sol y cierra los ojos,
empieza por no saber lo que es el sol
y a pensar en muchas cosas llenas de calor.
Pero abre los ojos y mira al sol,
y no puede pensar en nada,
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no se equivoca y es común y es buena.

¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen aquellos árboles?
La de ser verdes y frondosos y tener ramas
y dar frutos a su hora, lo que no nos hace pensar,
a nosotros, que no sabemos hacer que nos importe.
Pero, ¿hay mejor metafísica que la de los árboles,
la de no saber para qué viven,
ni de saber que lo ignoran?

"Constitución íntima de las cosas"...
"Sentido íntimo del universo"...
Todo esto es falso, todo esto no quiere decir nada...
Es increíble que se puedan pensar esas cosas.
Es como pensar en razones y en fines
cuando raya la madrugada, y por los lados de los árboles
un difuso oro lustroso pierde la oscuridad.

Pensar en el sentido íntimo de las cosas
es un añadido, como pensar en salud
o llevar un vaso de agua hasta las fuentes.

El único sentido íntimo de las cosas
es el de no tener sentido íntimo alguno.

No creo en Dios porque nunca lo vi.
Si él quisiese que creyera,
sin duda vendría a hablar conmigo
y entraría por mi puerta
diciendo, ¡aquí estoy!

(Esto tal vez suene ridículo a los oídos
de quien, por no saber lo que es mirar las cosas,
no comprende a quien de ellas habla
con el modo de hablar que el detenerse en ellas nos enseña).

Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y el sol y el enlunar,
entonces creo en él,
entonces creo en él a toda hora,
y mi vida entera es una oración y una misa,
y una comunión con ojos y oídos.

Pero si Dios es árboles y flores
y montes y sol y enlunar,
¿para qué nombrarle Dios?
Le nombro flores y árboles y montes y sol y enlunar;
porque, si él se hizo, para que pudiese verlo,
sol y enlunar y flores y árboles y montes,
si él se aparece ante mí siendo árboles y montes
y enlunar y sol y flores,
es que quiere que le conozca
como árboles y montes y flores y enlunar y sol.

Y es por eso que le obedezco,
(¿qué puedo saber de Dios aparte de lo que Dios sabe de sí mismo?),
le obedezco en vivir, espontáneamente,
como quien abre los ojos y mira,
y le llama enlunar y sol y flores y árboles y montes,
y lo amo sin pensar en él,
y lo pienso viendo y escuchando,
y camino con él a toda hora.

22 de noviembre de 2010

El guardador de rebaños, IV

Esta tarde cayó la tormenta
bajó por las laderas del cielo
como un pedruzco enorme...
como si alguien, desde una ventana alta
sacudiese un mantel,
y las migajas, al caer juntas,
hiciesen barullo en su caída,
la lluvia chilló desde el cielo
y oscureció los caminos...
Cuando los relámpagos sacudían el aire
y agitaban el espacio
como una gran cabeza que se niega,
no sé por qué -no tenía miedo-
me puse a rezarle a Santa Bárbara
como si fuese la vieja tía de alguien...
¡Ah!, es que rezándole a Santa Bárbara
me sentía aún más simple
de lo que pienso que soy...
me sentía familiar y casero,
y habiendo pasado la vida
tranquilamente, como el muro del patio,
teniendo ideas y sentimientos sólo por tenerlos
como una flor tiene perfume y color...
Me sentía como alguien que pudiese creer en Santa Bárbara.
¡Ah, poder creer en Santa Bárbara!
(Quien cree que existe Santa Bárbara,
¿pensará que ella es persona visible,
o qué pensará de ella?)
(¡Qué artificio! ¿Qué saben
las flores, los árboles, los rebaños,
sobre santa Bárbara?... La rama de un árbol,
si pensase, nunca podría
construir santos, ni ángeles...
Podría creer que el Sol
es Dios, y que la tormenta
es una multitud
enojada sobre nuestras cabezas...
¡Ah, cómo los hombres más simples
son enfermos y confusos y estúpidos
al margen de la clara simplicidad
y salud en existir
de árboles y plantas!)
Y yo, pensando en todo esto,
quedé otra vez menos feliz...
Quedé sombrío y enfermo y taciturno
como un día en que la tormenta amenaza siempre
y ni con la noche llega...

23 de octubre de 2010

Tercera de El guardador de rebaños

III
Al atardecer, asomado por la ventana,
y sabiendo de soslayo que hay campos enfrente,
leo hasta arderme los ojos
el libro de Cesario Verde.
¡Qué pena me da! Era un campesino
preso en libertad por la ciudad.
Pero el modo en que miraba las casas,
y el modo en que atendía a las calles,
y la manera en que entendía las cosas,
son de quien mira los árboles,
y de quien baja la vista por donde camina
y se da cuenta de que hay flores en los campos...
Por eso tenía esa gran tristeza
que nunca dijo bien tener,
sino que caminaba por la ciudad como quien camina por el campo
triste como aplastar flores en los libros
y poner plantas en jarros.

5 de octubre de 2010

Caeiro: Más de El guardador de rebaños

II


Mi mirar es nítido como un girasol.
Tengo la costumbre de andar por los caminos
mirando a derecha e izquierda,
y de vez en cuando mirando hacia atrás...
lo que veo a cada instante
es aquello que nunca antes había visto,
y de eso sé muy bien darme cuenta...
sé tener el asombro esencial
que tiene un niño si, al nacer,
nota que en verdad ha nacido...

Me siento recién nacido a cada instante
para la eterna novedad del mundo...

Creo en el mundo como una margar
porque la veo. Pero no pienso en él
porque pensar es nocomprender...
el mundo no fue hecho para pensarlo
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para mirarlo y estar de acuerdo...

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos...
si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que ella es,
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe por qué ama, ni lo que es amar...

Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar...

27 de septiembre de 2010

Fragmentos de O guardador de rebanhos, de Alberto Caeiro

El guardador de rebaños
I
Yo nunca guardé rebaños,
pero es como si los guardase.
Mi alma es como un pastor,
conoce al viento y al sol
y camina de la mano de las Estaciones
que sigue y mira.
Toda la paz de la Naturaleza sin gente
viene a sentarse aquí a mi lado.
Pero me quedo triste como un ocaso
para nuestra imaginación,
cuando refresca en el fondo de la planicie
y se siente llegar la noche
como una mariposa por la ventana.
Pero mi tristeza es sosiego
porque es natural y justa
y es lo que debe estar en el alma
cuando piensa que ya existe
y las manos cortan flores sin que le importe.
Como un ruido de cencerros
más allá de la curva del camino,
mis pensamientos están contentos.
Sólo tengo pena de saber que están contentos,
porque, de no saberlo,
en vez de estar contentos y tristes
estarían alegres y contentos.
Pensar molesta como caminar en la lluvia
cuando el viento arrecia y parece que aún más llueve.
No tengo ambiciones ni deseos
ser poeta no es mi ambición
es mi manera de estar solo.
Y si a veces deseo,
sólo por imaginar, ser un corderito
(o ser todo el rebaño
para andar disperso por la ladera
y ser muchas cosas felices al mismo tiempo).
es sólo porque siento que escribo al ponerse el sol,
o cuando una nube pasa sobre la luz
y corre un silencio afuera por la hierba.
Cuando me siento a escribir versos
o, paseando por caminos, o atajos,
escribo versos en un papel que está en mi pensamiento,
siento un cayado en las manos
y me veo recortado
en lo alto de una colina,
mirando a mi rebaño y viendo mis ideas,
o viendo mis ideas y mirando a mi rebaño,
y sonrío vagamente como quien no comprende lo que se dice
y quiere fingir que comprende.
Saludo a quienes me leen
quitándome el ancho sombrero,
cuando me ven a la puerta
apenas se levanta la diligencia en la cima de la colina.
Saludo, y les deseo que haya sol,
y lluvia, si la lluvia hace falta,
y que en sus casas tengan
un sillón favorito
dónde sentarse leyendo mis versos.
Y que al leerlos piensen
que soy una cosa natural -
por ejemplo, el árbol viejo
a cuya sombra, cuando niños,
se dejaban caer de golpe, cansados de jugar,
y limpiaban el sudor de su cabeza ardiente
con la manga del babero a rayas.

17 de septiembre de 2010

Pessoa ortónimo III: Episodios

La momia

I

Caminé leguas de sombra
desntro de mi pensamiento.
Florecíó al revés
mi ocio con lo inconexo,
y se apagaron las lámparas
en el cuarto tambaleante.

Pronto todo se vuelve
un suave desierto,
visto por mi tacto
desde los tapetes del cuarto,
no por mi vista.
Hay un oasis en lo incierto
y, como una sospecha
de luz por donde no hay grietas
pasa una caravana.

Olvido súbitamente
cómo es el espacio, y el tiempo
en vez de horizontal
es vertical.
El cuarto
desciende por no sé dónde
hasta no encontrarme.
Asciende un humo leve
desde mis sensaciones.
Me dejo de incluir
dentro de mí. No hay
aquí dentro ni allá afuera.

Y el desierto está ahora
vuelto hacia abajo.

La noción de moverme
olvidó mi nombre.
En el alma el cuerpo me pesa.
Me siento una cortina
colgante en la sala
donde yace alguien muerto.

Algo cayó
y tintineó en el infinito.

II

En la sombra Cleopatra yace muerta.
LLueve.

Abanderan el barco de modo equivocado.
Llueve siempre.

¿Para qué miras la ciudad lejana?
Tu alma es la ciudad lejana.
Llueve fríamente.

Y mientras la madre arrulla en el pecho un hijo muerto -
todos nosotros arrullamos en el pecho un hijo muerto.
Llueve, llueve.

La sonrisa triste que sobra en tus labios cansados,
la veo en el gesto con que tus dedos no dejan tus anillos.

¿Por qué es que llueve?

III

¿De quién es el mirar
que acecha por mis ojos?
Cuando pienso que veo,
¿quién continúa viendo
mientras estoy pensando?
¿Por qué caminos prosiguen,
no mis tristes pasos,
sino la realidad
de tener pasos conmigo?

A veces, en la penumbra
de mi cuarto, cuando
para mí mismo
en alma apenas existo,
toma cualquier otro sentido
en mí el Universo -
es una mancha confusa
de ser consciente sobre
mi idea de las cosas.

Si encendieran las velas
y no hubiese apenas
la vaga luz de afuera -
de no sé qué lámpara
escondida en la calle-
tendría hoscos deseos
de no haber nada más
en el Universo y en la Vida
que el oscuro momento
de mi vida presente:

un momento afluente
de un río en devenir
olvidarse de ser,
espacio misterioso
entre espacios desiertos
cuyo sentido es nulo
y sin ser nada la nada.
Y así la hora pasa
metafísicamente.

IV

Mis ansiedades caen
por la escalera.
Mis deseos se columpian
en medio de un jardín vertical.
En la momia la posición es absolutamente exacta.

Música lejana,
música excesivamente lejana,
para que la vida pase
y la cuchara olvide el gesto.

V

¿Por qué abren las cosas sus alas para que pase?
Tengo miedo de pasar entre ellas, tan detenidas conscientes.

Tengo miedo de dejarlas atrás al abandonar la máscara.

Pero siempre hay cosas detrás de mí.
Siento sus ojos ausentes al mirarme, y estremezco.
Sin mecerse, siento las paredes vibrar en mí.
Hablan conmigo las sillas sin voz para decirme nada.
Los dibujos del mantel cobran vida, cada uno es un abismo.
Reluce sonriente conbios invisibles
la puerta al abrirse conscie
sin que la mano sea más que un camino para abrirse.
¿Desde dónde me miran?
¿Qué cosas incapaces de mirar están mirándome?
¿Quién acecha todo?

Las aristas me observan.
Realmente sonríen las paredes lisas.
Sensación de ser tan sólo mi columna.

Las espadas.

1 de septiembre de 2010

Pessoa ortónimo II: de Mensagem

Mar portugués

¡Oh mar salado, cuánta de tu sal
son lágrimas de Portugal!
Por cruzarte, ¡cuántas madres lloraron,
cuántos hijos en vano rezaron!
¡Cuántas novias quedaron sin casar
para que fuese nuestro, oh mar!

¿Valió la pena? Todo vale la pena
si el alma no es pequeña.
Quien quiera ir más allá del Bojador
deberá ir más allá del dolor.
Dios al mar el peligro y el abismo dio,
pero fue ahí que el cielo reflejó.


El Infante

Dios quiere, el hombre sueña, la obra nace.
Dios quiso que toda la tierra fuese una,
que el mar uniese y no separase.
Te consagró y fuiste desvelando la espuma,

y la orla fue de isla en continente
clareó, corriendo, hasta el fin del mundo,
y se vio la tierra entera, de repente,
surgir, redonda, del azul profundo.

Quien te consagró te hizo portugués.
Del mar y nos en ti nos dio señal.
Se consumó el mar, y el Imperio se deshizo.
¡Señor, falta por cumplirse Portugal!

31 de agosto de 2010

Pessoa ortónimo I: de Mensagem

Don Sebastián, Rey de Portugal

Loco, sí, loco, por querer grandeza
como la Suerte no da.
No cupo en mí la certeza;
por eso, donde el arenal está
quedó mi ser que hubo, no el que ha.

Mi locura, que otros la tomen
como lo que en ella había.
Sin la locura, ¿qué es el hombre
sino una bestia sana,
cadáver aplazado que procrea?

15 de agosto de 2010

Otro de Reis (antes de iniciar el ciclo ortónimo)

Maestro, son plácidas
todas las horas
que perdemos,
si en el perderlas,
como en un jarro,
ponemos flores.

No hay tristezas
ni alegrías
en nuestra vida.
Así sepamos,
sabios incautos,
el no vivirla,
jsjsdjdkdkd
sino recorrerla,
tranquilos, plácidos,
siendo los niños
nuestros maestros,
los ojos llenos
de Naturaleza...

Al borde del río,
al borde del camino,
conforme calla,
siempre en el mismo
leve descanso
de estar viviendo.
El tiempo pasa,
no dice nada.
Envejecemos.
Sepamos, casi
maliciosos,
dejarnos ir.

No vale la pena
hacer ni un gesto.
No se resiste
al dios atroz
que a sus propios hijos
devora siempre.

Cortemos flores.
Mojemos leves
nuestras manos
en los ríos calmos,
para aprender
también su calma.

Girasoles siempre
mirando al sol,
partiremos de la vida
tranquilos, no teniendo
ni el remordimiento
de haber vivido.

1 de julio de 2010

Más de Álvaro de Campos

¡Qué noche serena!
¡Qué lindo enlunar!
¡Qué linda barquilla
danzando en el mar!

Suave, todo el pasado -lo que hubo aquí de Lisboa- resurge para mí...
el tercer piso de las tías, el sosiego de entonces,
sosiego de variada especie,
la infancia sin futuro pensado,
el ruido aparentemente continuo de su máquina de coser,
y todo bien y a la hora,
de un bien y una hora propios, hoy muertos.

Dios mío, ¿qué hice de la vida?

¡Qué noche serena!
¡Qué lindo enlunar!
¡Qué linda barquilla
danzando en el mar!

¿Quién cantaba eso?
Eso allá estaba.
Recuerdo, pero olvido.
Y duele, duele, duele...

Por amor de Dios, detengan esto dentro de mi cabeza...

9 de junio de 2010

Continuación del ciclo de traducciones de Álvaro de Campos

La vida es para los inconscientes (oh Lidia, Celimène, Daisy)
Y lo consciente es para los otros -lo consciente sin la Vida.
Fumo el cigarro, que huele bien aparte de los otros,
Y soy ridículo para ellos, porque los observo y me observan.
Pero no me importo.
Me desdoblo en Caeiro, y en técnico,
Técnico en máquinas, técnico en gente, técnico en modas...
Y de lo que descubro en torno mío no me hago responsable ni en verso
El estandarte roto, cosido en seda, de los imperios del Maple-
Métanlo en la gaveta de las cosas póstumas y basta...