Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

12 de noviembre de 2011

Lluvia oblicua. Última

VI

O maestro sacode a batuta,

a lânguida e triste a música rompe...

Lembra-me a minha infância, aquele dia

em que eu brincava ao pé dum muro de quintal

atirando-lhe com uma bola que tinha dum lado

o deslizar dum cão verde, e do outro lado

um cavalo azul a correr com um jockey amarelo...

Prossegue a música, e eis na minha infância

de repente entre mim e o maestro, muro branco,

vaim e vem a bola, ora um cão verde,

ora um cavalo azul com um jockey amarelo...

Todo o teatro é o meu quintal, a minha infância

está em todos os lugares, e a bola vem a tocar música,

uma música triste e vaga que passeia no meu quintal

vestida de cão verde tornando-se jockey amarelo...

(tão rápida gira a bola entre mim e os músicos...)

Atiro-a de encontra à minha infância e ela

atravessa o teatro todo que está aos meus pés

a brincar com um jockey amarelo e um cão verde

e um cavalo azul que aparece por cima do muro

do meu quintal... e a música atira com bolas

à minha infância... e o muro do quintal é feito de gestos

de batuta e rotaçoes confusas de cães verdes

e cavalos azuis e jockeys amarelos...

Todo o teatro é um muro branco de música

por onde um cão verde corre atrás de minha saudade

da minha infâcia, cavalo azul com um jockey amarelo...

E dum lado para o outro, da direita para a esquerda,

donde há arvores e entre os ramos ao pé da copa

com orquestras a tocar música,

para onde há filas de bolas na loja onde a comprei

e o homem da loja sorri entre as memórias de minha infância...

E a música cessa como um muro que desaba,

a bola rola pelo despenhadeiro dos meus sonhos interrompidos,

e do alto dum cavalo azul, o maestro, jockey amarelo tornando-se preto

agradece, pousando a batuta em cima da fuga dum muro,

e curva-se, sorrindo, com uma bola branca em cima da cabeça

bola branca que lhe desaparece pelas costas abaixo...


VI

El maestro agita la batuta

lánguida y triste la música irrumpe...

Recuerdo mi infancia, aquel día

en que jugaba al borde del muro del patio

lanzándole una pelota que tenía de un lado

el deslizar de un perro verde, y del otro,

un caballo azul corriendo con un jockey amarillo...

La música sigue, y es mi infancia,

de repente, entre el maestro, muro blanco, y yo,

va y viene la pelota, ahora un perro verde,

ahora un caballo azul con un jockey amarillo...

Todo el teatro es mi patio, mi infancia

está en todas partes, y la pelota viene tocando música,

una música triste e indecisa que pasea por mi patio

vestida de perro verde que se vuelve jockey amarillo...

(Tan rápido gira la pelota entro mi y los músicos...)

Lanzo la pelota contra mi infancia

y atraviesa el teatro que está a mis pies

jugando con un jockey amarillo y un perro verde

y un caballo azul que aparece por encima del muro

de mi patio... y la música lanza pelotas

a mi infancia... y el muro del patio está hecho de movimientos

de batuta y rotaciones confusas de perros verdes

y caballos azules y jockeys amarillos...

Todo el teatro es un muro blanco de música

por donde corre un perro verde tras la saudade

de mi infancia, caballo azul con un jockey amarillo...

Y de uno a otro lado, de derecha a izquierda,

donde hay árboles y entre las ramas al borde de la copa

con orquestas que tocan música,

hasta donde hay filas de pelotas en la tienda donde la compré

y el hombre de la tienda sonríe

entre los recuerdos de mi infancia...

Y la música cesa como se derrumba un muro,

la pelota rueda por el despeñadero de mis sueños que se interrumpen,

y desde lo alto de un caballo azul, el maestro, jockey amarillo volviéndose negro,

agradece, dejando la batuta sobre la fuga de un muro,

y se inclina, sonriendo, con una pelota blanca sobre su cabeza,

pelota blanca que resbala por su espalda...

30 de octubre de 2011

Lluvia oblicua. Quinta

V



Lá fora vai um redemoinho de sol os cavalos do carroussel...
Árvores, pedras, montes, bailam parados dentro de mim...
Noite absoluta na feria iluminada, luar no dia de sol lá fora,
e as luzes todas da feira fazem ruídos dos muros do quintal...
Ranchos de raparigas de bilha à cabeça
que passam lá fora, cheias de estar sob o sol,
cruzam-se com grandes grupos peganhentos de gente que anda na feira,
gente toda misturada com as luzes das barracas, com a noite e com o luar,
e os dois grupos encontram-se e penetram-se
até formarem só um que é os dois...
A feira e as luzes da feira e a gente que anda na feira,
e a noite que pega na feira e a levanta no ar,
andam por cima das copas das árvores cheias de sol,
andam visivelmente por baixo dos penedos que luzem ao sol,
aparecem do outro lado das bilhas que as raparigas levam à cabeça,
e toda esta paisagem de primavera é a lua sobre a feira,
e toda a feira com ruídos e luzes é o chão deste dia de sol...
De repente alguém sacode esta hora dupla como numa peneira
e, misturado, o pó das duas realidades cai
sobre as minhas mãos cheias de desenhos de portos
com grandes naus que se vão e não pensam em voltar...
Pó de oiro branco e negro sobre os meus dedos...
as minhas mãos são os passos daquela rapariga que abandona a feira,
sola e contente como o dia hoje...


V


Allá afuera van en un remolino de sol los caballos del carrusel...
Árboles, piedras, montañas bailan fijas en mi...
Noche absoluta en la feria iluminada, luna llena en el día soleado allá afuera,
y las luces de la feria hacen ruido en las paredes del patio...
Rebaños de muchachas con cántaros en la cabeza
que pasan allá afuera, llenas de estar bajo el sol,
se cruzan con grupos pegajosos de gente que anda por la feria,
gente mezclada con las luces de las barracas, con la noche y la luna llena,
y los dos grupos se encuentran y compenetran
hasta formar sólo uno que es ambos...
La feria y las luces de la feria y la gente que camina por la feria,
y la noche que viene con la feria y la lleva por los aires,
caminan por encima de las copas de los árboles llenas de sol,
caminan visiblemente bajo las peñas que relucen al sol,
aparecen al otro lado de los cántaros que las muchachas llevan en la cabeza
y todo este paisaje de primavera es la luna sobre la feria,
y toda la feria con sus ruidos y sus luces es el suelo de este día de sol...
De pronto alguien sacude esta hora doble como en un tamiz
y, mezclado, el polvo de las dos realidades cae
sobre mis manos llenas de planos de puertos
con grandes naves que parten y no piensan en volver...
Polvo de oro blanco y negro sobre mis dedos...
Mis manos son los pasos de aquella muchacha que abandona la feria,
sola y contenta como el día de hoy...


23 de octubre de 2011

Lluvia oblicua. Cuarta parte

IV

Que pandeiretas o silencio deste quarto!...
As paredes estão na Andaluzia...
há danças sensuais no brilho fixo da luz...
de repente todo o espaço pára...,
pára, escorrega, desembrulha-se...,
e num canto do teto, muito mais longe do que ele está,
abrem mãos brancas janelas secretas
e há ramos de violetas caindo
de haver uma noite de Primavera lá fora
sobre o eu estar de olhos fechados...

IV

¡Qué panderetas el silencio de este cuarto!...

Las paredes están en Andalucía...

Danzas sensuales en el brillo fijo de la luz...

De repente todo el espacio se detiene...,

se detiene, resbala, se aclara...,

y en un rincón del techo, mucho más lejos de donde está,

blancas manos abren ventanas secretas

y ramos de violetas caen

de la noche de Primavera que hay afuera

sobre mi estar de ojos cerrados...

8 de octubre de 2011

Lluvia oblicua. Tercera parte

III

A Grande Esfinge de Egito sonha por este papel dentro...

Escrevo –e ela aparece-me a través da minha mão transparente

e ao canto do papel erguem-se as pirâmides...

Escrevo –perturbo-me de ver o bico da minha pena

ser o perfil de rei Quéops...

De repente paro...

Escureceu tudo... caio por um abismo feito de tempo...

Estou soterrado sob as pirâmides a escrever versos à luz clara deste candeeiro

e todo o Egito me esmaga de alto a través dos traços que faço com a pena...

Ouço a Esfinge rir por dentro

o som da minha pena a correr no papel...

Atravessa o eu não poder vê-la uma mão enorme,

varre tudo para o canto do teto que fica por detrás de mim,

e sobre o papel onde escrevo, entre ele e a pena que escreve

jaz o cadáver do rei Quéops, olhando-me com olhos muito abertos,

e entre os nossos olhares que se cruzam corre o Nilo

e uma alegria de barcos embandeirados erra

numa diagonal difusa

entre mim e o que eu penso...

Funerais do rei Quéops em ouro velho e Mim!

III


La Gran Esfinge de Egipto sueña dentro de este papel...

Escribo –y ella aparece a través de mi mano transparente

y al borde del papel se yerguen las pirámides...

Escribo –me perturba ver que la punta de mi pluma

es el perfil del rey Keops...

Me detengo...

Todo oscurece... caigo en un abismo hecho de tiempo...

Estoy sepultado bajo las pirámides escribiendo versos a la clara luz de este candelero

y todo Egipto cae sobre mí en los trazos que hago con la pluma...

Oigo a la Esfinge reír por dentro

el sonido de mi pluma recorre el papel...

una mano enorme atraviesa el yo no poder verla,

barre todo hacia el rincón del techo que queda detrás de mí,

y sobre el papel donde escribo, entre él y la pluma que escribe

yace el cadáver del rey Keops, mirándome con ojos muy abiertos,

y entre nuestras miradas que se cruzan corre el Nilo

y una alegría de barcos abanderados vaga

en una diagonal difusa

entre mí y lo que pienso...

¡Funerales del rey Keops en oro viejo y en Mí!...

3 de octubre de 2011

Segunda entrega de Lluvia oblicua

II


Ilumina-se a igreja por dentro da chuva deste dia,

e cada vela que se acende é mais chuva a bater na vidraça...

Alegra-me ouvir a chuva porque ela é o templo estar aceso,

e as vidraças da igreja vistas de fora são o som da chuva ouvido por dentro...

O esplendor do altar-mor é o eu não poder quase ver os montes

através da chuva que é ouro tão solene na toalha do altar...

Soa o canto do coro, latino e vento a sacudir-me a vidraça

e sente-se chiar a água no fato de haver coro...

A missa é um automóvel que passa

através dos fiéis que se ajoelham em hoje ser um dia triste...

súbito vento sacode em esplendor maior

a festa da catedral e o ruído da chuva absorve tudo

até só se ouvir a voz do padre água perder-se ao longe

com o som de rodas de automóvel...

E apagam-se asl luzes da igreja

na chuva que cessa...


II


Se ilumina por dentro la iglesia en la lluvia de este día,

y cada vela que se enciende es más lluvia que golpea los vitrales...

Me alegra escuchar la lluvia porque ella es el templo encendido,

y los vitrales de la iglesia vistos por fuera son el ruido de la lluvia oído por dentro...

El esplendor del altar mayor es casi no poder ver las montañas

a través de la lluvia que es oro tan solemne en el mantel del altar...

Suena el cantar del coro, latín y viento me sacuden en los vitrales

y se siente rechinar el agua en el hecho de haber coro...

La misa es un automóvil que pasa

entre los fieles arrodillados en este día que es triste...

Un viento súbito sacude en mayor esplendor

la fiesta de la catedral y el ruido de la lluvia absorbe todo

hasta sólo escucharse la voz del padre agua perdida a lo lejos

entre el sonido de las ruedas del automóvil...

Y se apagan las luces de la iglesia

en la lluvia que cesa...

28 de septiembre de 2011

Pessoa ortónimo: Lluvia oblicua

I

Atravessa esta paisagem o meu sonho dum porto infinito

e a cor das flores é transparente das velas de grandes navios

que largam do casi arrastrando nas águas por sombra

os vultos ao sol daquelas árvores antigas...

O porto que sonho é sombrio e pálido

e esta paisagem é cheia de sol deste lado...

mas no meu espírito o sol deste dia é porto sombrio

e os navios que saem do porto são estas árvores ao sol...

Liberto em duplo, abandonei-me da paisagem abaixo...

o vulto do cais é a estrada nítida e calma

que se levanta e se ergue como um muro,

e os navios passam por dentro dos troncos das árvores

com uma horizontalidade vertical,

e deixam cair amarras na água pelas folhas uma a uma dentro...

Não sei quem me sonho...

Súbito toda a água do mar do porto é transparente

e vejo no fundo, como una estampa enorme que lá estivesse desdobrada,

esta paisagem toda, renque de árvores, estrada a arder em aquele porto,

e a sombra duma nau mais antiga que o porto que passa

entre o meu sonho do porto e o meu ver esta paisagem

e chega ao pé de mim, e entra por mim dentro,

e passa para o outro lado da minha alma...


I

Atraviesa este paisaje mi sueño de un puerto infinito

y el color de las flores es transparente al de las velas de los grandes navíos

que parten del muelle arrastrando como una sombra

los cuerpos al sol de aquellos árboles antiguos...

El puerto que sueño es sombrío y pálido

y el paisaje de este lado está lleno de sol...

Pero en mi espíritu el sol de este día es el puerto sombrío

y los barcos que salen del puerto son estos árboles al sol...

Doblemente libre, me abandoné del paisaje abajo...

El cuerpo del muelle es el camino nítido y tranquilo

que se alza y se yergue como un muro,

y los barcos pasan por dentro de los troncos de los árboles

en horizontalidad vertical,

y lanzan amarras en el agua, entre cada hoja...

No sé quién me sueño...

Súbitamente toda el agua del mar del puerto es transparente

y veo en el fondo, como enorme estampa que ahí se desdoblara,

todo este paisaje, vacío de árboles, camino que arde en aquel puerto,

y la sombra de un barco más antiguo que el puerto que pasa

entre mi sueño del puerto y la visión de este paisaje

y llega hasta mí y entra en mí

y pasa al otro lado de mi alma...

18 de septiembre de 2011

De la inutilidad de la poesía

Está sentada, e impotente, tiende los brazos hacia un fruto al que no puede acceder. Y sin embargo tiene alas. Ya nada es cierto.

Walter Benjamin


Desde hace tiempo es común escuchar llamados institucionales a "la cultura", entrecomillado que agrupa a expresiones tan diversas como las velas decorativas y los festivales internacionales de arte, como solución difusa ante un panorama oscuro e inquietante. Entre quienes enarbolan la consigna encontramos tanto a los creadores, promotores, maestros e investigadores comprometidos, como a los idealistas siempre extraviados que no tienen mucha idea de nada pero al menos hacen un esfuerzo merecedor de cierta gracia. Por último, están los infaltables que aprovechan toda oportunidad para hacerse presentes mediante una sentida y multitudinaria queja (representada por los pulgares arriba recibidos en Facebook o el número de cabezas que tediosamente asienten en la mesa del café), a fin de asegurar quincena o beca o publicación, lo que ocurra primero.


Pareciera que, de algún modo, la comunidad artística y cultural mexicana recorre un laberinto configurado por su propia historia. La tan ansiada democratización del sistema llegó, pero no cumplió con las expectativas. A casi dos sexenios de la alternancia, habitamos el limbo. Un limbo que cada quien lee según la promesa que le resulte más favorable: para algunos, la depresión económica y la violencia ejercida por el crimen organizado son sólo los síntomas del parto de la prosperidad por nacer; para otros, se trata del infierno donde pagamos el haber desoído al redentor impoluto, honesto y valiente que, si aprovechamos la próxima elección, nos regresará a una perdida Edad de oro y viviremos, por decreto, en una República Amorosa llena de paz y felicidad bajo subsidio. Religiosos a fin de cuentas, nos gustan los mitos. Nos gusta todo aquello que nos salve de mirar al abismo y descubrir, en el fondo, nuestro propio rostro.


La violencia no es ajena a la poesía. Quedan en mi memoria duros y majestuosos versos leídos en la infancia. Jamás olvidaré el cadáver de Héctor arrastrado por los caballos, o a los griegos devorados por el cíclope. Pareciera que la poesía nace en la muerte. Quizá no nos equivocamos: el origen de la literatura está en la poesía épica. Es bien sabida la etimología de la palabra tragedia: la tragedia es el canto de la cabra, el refinamiento sutil de los rituales de sacrificio en honor a Dionisos, el dios de la noche y la embriaguez cuyas seguidoras destazan a Orfeo. De la épica a la tragedia media sólo un paso, el que va del héroe a la víctima. Cuestión de tiempo: bastan sólo unos siglos para que el héroe, como el Odín de los germánicos, se ofrezca a sí mismo y cumpla un destino que lo condenó mucho antes de cometer su falta.


En el origen del cristianismo encontramos algo semejante. Un carpintero salva al mundo al morir en un instrumento de tortura infamante. Cumple cabalmente el destino que le ha sido encomendado desde la caída del hombre y, si hemos de creer en la Providencia, desde lo intemporal. Está condenado, pero no es culpable: la rebelión no es causa de su muerte, pues no se rebela. El sentido trágico cambia: la humanidad presente en Dios muere en la cruz y sólo queda su divinidad. Nos salva de la muerte, pero al costo de volvernos ajenos al mundo, de fracturarnos.


Con los siglos, terminamos por buscar en la posesión de la obra de arte el sosiego para una vida concebida desde el acabamiento: la burguesía hace de lo primigenio su pasatiempo, su receta ideal para extender la sobremesa o combatir el insomnio. Olvidamos que el arte es, en última instancia, lenguaje en su estado más puro. Y el lenguaje es, en sí mismo, violento. Todos hablamos, incluso en el silencio o la ausencia, pero la palabra contradice a la naturaleza. Es en la palabra donde construimos al mundo, donde tomamos distancia de lo natural y lo configuramos para habitarlo. El lenguaje es agonía: es lucha continua que pone en juego a quien habla, lo coloca en entredicho y lo arriesga a la caída más angustiosa; sin embargo, se trata de un juego que hace mucho se despojó de todo atisbo de mortalidad. Si con San Pablo Dios se despoja de humanidad, con Nietzsche los humanos nos despojaremos de la divinidad. Dios ha muerto, los dioses se han marchado. Quedamos nosotros. Y, frente a nosotros, el abismo. Escribe Pascal Quignard:

Nada está crudo en el lenguaje, lenguaje demasiado cercano a la cocción, todo lo que se dice está cocido, lenguaje que siempre nos llega demasiado tarde, prehistoria, arcaísmo de la música en nosotros. El oído precedió a la voz durante meses, los balbuceos, el canturreo, el grito y la voz llegan meses y estaciones antes que la lengua articulada y más o menos con sentido.


¿Tiene sentido hacer poesía en medio del desamparo? La respuesta inmediata es que no. La poesía no sirve para nada. Leer a Homero no hará de mí un hombre virtuoso, al menos en el sentido moral del término. Tampoco es muy redituable, por donde se mire, ni conseguirá que mañana la cifra de muertos se reduzca. Habitamos en la penuria, hemos olvidado de dónde procedemos. Nos hemos alejado de la historia a la vez que permanecemos absortos frente al abismo. De todos los seres, como dice Dante, sólo a nosotros nos fue concedida el habla. Y, también, sólo a nosotros nos fue concedido el exilio que nos coloca fuera de toda protección divina. Somos conscientes de nuestro desamparo, de nuestra mortalidad. Discurrimos interminablemente en círculos sobre nuestra muerte, que es lo mismo que decir que discurrimos sobre el tiempo vivido. Caídos en la historia, poetizamos.


Hablar es hacer manifiesto un horizonte, por decirlo en términos heideggerianos. Es instaurar al mundo y darle historia. No olvidemos que los primeros relatos históricos son poemas. La historia es, esencialmente, una poética. Desde aquel mítico rey de Uruk que busca infructuosamente la inmortalidad, no hemos abandonado la poesía; o, mejor dicho, es la poesía quien no nos abandona. Se ha vuelto lugar común citar a Adorno y su pregunta por la poesía después de Auschwitz. Celan responde, con su "tímida rima alemana" que precede al suicidio: nos responde su dolor, su angustia, su memoria desgarrada. Pero el clamor no queda en el vacío: es escuchado, hay esperanza. No olvidemos la incisiva nota de Octavio Paz en El arco y la lira: "el mundo del hombre es el mundo del sentido. Tolera la ambigüedad, la contradicción, la locura o el embrollo, no la carencia de sentido".


Escribir es dialogar. Es poner en juego la verdad. Todo arte es poesía, en última instancia. Toda palabra está cargada: quien habla, lo hace desde donde está, desde el presente y la tradición hacia la expectativa del proyecto. El lenguaje no es ni medio ni herramienta, sino manifestación del ser en el mundo, apertura y poetización. Poetizar significa hacer mundo, hacerse presente en el mundo, establecer un diálogo con los antepasados y, aún más importante, con aquellos a quienes precedemos en el tiempo. Es, simultáneamente, memoria y esperanza. Balbuceo, palabra y silencio.



21 de mayo de 2011

Pessoa ortónimo: Abdicación

Tómame, oh noche eterna, en tus brazos
y nómbrame hijo tuyo. Soy un rey
que voluntariamente abandonó
su trono de sueños y cansancio.
Mi espada, pesada en brazos exhaustos,
en serenas y viriles manos entregué;
y mi cetro y corona -los dejé
en la antecámara, hechos pedazos.
Mi cota de malla, tan inútil,
mis espuelas, de un tañer tan fútil,
dejé en la fría escalera.
Me despojé de la realeza, cuerpo y alma,
y regresé a la noche serena y antigua
como el paisaje al morir del día.

25 de octubre de 2010

Laudes (versión definitiva)

hacia A
Llueve
el espejo nos mira
jajsdjskcallado responso
En medio del silencio
los párpados tiemblan
kaskdkfdfldfldlfldflfdldflfd
sakdlslldlswpwpwpwpDuermes
kakdjdfsjsdjsk Llena eres de Gracia
La noche abre sus ojos
presa y sombra
ksakaa el tiempo acecha entre mis dedos
jajsjsdkalslasla
Haz de adormideras incesante
nace de tu cuerpo

23 de octubre de 2010

Tercera de El guardador de rebaños

III
Al atardecer, asomado por la ventana,
y sabiendo de soslayo que hay campos enfrente,
leo hasta arderme los ojos
el libro de Cesario Verde.
¡Qué pena me da! Era un campesino
preso en libertad por la ciudad.
Pero el modo en que miraba las casas,
y el modo en que atendía a las calles,
y la manera en que entendía las cosas,
son de quien mira los árboles,
y de quien baja la vista por donde camina
y se da cuenta de que hay flores en los campos...
Por eso tenía esa gran tristeza
que nunca dijo bien tener,
sino que caminaba por la ciudad como quien camina por el campo
triste como aplastar flores en los libros
y poner plantas en jarros.

14 de octubre de 2010

Vesperal (versión definitiva)

hacia Angélica
En mis ojos
hashdel otoño devora sus hojas
En tus ojos
jasjdagarganta de sueños
hahsgdkalwoekdka
Beso tus manos
la llovizna cesa entre los dedos
jasolqopepspñdñd
iasiaoasofoaosaodaosBendito el fruto
jasjaoepdhaksqedjgkTuyo el Reino
kasjdjdjskaoqoe
Insomnes párpados
descienden sobre el mundo
Tus pechos maduran
jashdhfjskacielo sin nubes
puerto sin sosiego
hdorptjvshwirelrt
Es tiempo de silencios

27 de septiembre de 2010

Fragmentos de O guardador de rebanhos, de Alberto Caeiro

El guardador de rebaños
I
Yo nunca guardé rebaños,
pero es como si los guardase.
Mi alma es como un pastor,
conoce al viento y al sol
y camina de la mano de las Estaciones
que sigue y mira.
Toda la paz de la Naturaleza sin gente
viene a sentarse aquí a mi lado.
Pero me quedo triste como un ocaso
para nuestra imaginación,
cuando refresca en el fondo de la planicie
y se siente llegar la noche
como una mariposa por la ventana.
Pero mi tristeza es sosiego
porque es natural y justa
y es lo que debe estar en el alma
cuando piensa que ya existe
y las manos cortan flores sin que le importe.
Como un ruido de cencerros
más allá de la curva del camino,
mis pensamientos están contentos.
Sólo tengo pena de saber que están contentos,
porque, de no saberlo,
en vez de estar contentos y tristes
estarían alegres y contentos.
Pensar molesta como caminar en la lluvia
cuando el viento arrecia y parece que aún más llueve.
No tengo ambiciones ni deseos
ser poeta no es mi ambición
es mi manera de estar solo.
Y si a veces deseo,
sólo por imaginar, ser un corderito
(o ser todo el rebaño
para andar disperso por la ladera
y ser muchas cosas felices al mismo tiempo).
es sólo porque siento que escribo al ponerse el sol,
o cuando una nube pasa sobre la luz
y corre un silencio afuera por la hierba.
Cuando me siento a escribir versos
o, paseando por caminos, o atajos,
escribo versos en un papel que está en mi pensamiento,
siento un cayado en las manos
y me veo recortado
en lo alto de una colina,
mirando a mi rebaño y viendo mis ideas,
o viendo mis ideas y mirando a mi rebaño,
y sonrío vagamente como quien no comprende lo que se dice
y quiere fingir que comprende.
Saludo a quienes me leen
quitándome el ancho sombrero,
cuando me ven a la puerta
apenas se levanta la diligencia en la cima de la colina.
Saludo, y les deseo que haya sol,
y lluvia, si la lluvia hace falta,
y que en sus casas tengan
un sillón favorito
dónde sentarse leyendo mis versos.
Y que al leerlos piensen
que soy una cosa natural -
por ejemplo, el árbol viejo
a cuya sombra, cuando niños,
se dejaban caer de golpe, cansados de jugar,
y limpiaban el sudor de su cabeza ardiente
con la manga del babero a rayas.

17 de septiembre de 2010

Pessoa ortónimo III: Episodios

La momia

I

Caminé leguas de sombra
desntro de mi pensamiento.
Florecíó al revés
mi ocio con lo inconexo,
y se apagaron las lámparas
en el cuarto tambaleante.

Pronto todo se vuelve
un suave desierto,
visto por mi tacto
desde los tapetes del cuarto,
no por mi vista.
Hay un oasis en lo incierto
y, como una sospecha
de luz por donde no hay grietas
pasa una caravana.

Olvido súbitamente
cómo es el espacio, y el tiempo
en vez de horizontal
es vertical.
El cuarto
desciende por no sé dónde
hasta no encontrarme.
Asciende un humo leve
desde mis sensaciones.
Me dejo de incluir
dentro de mí. No hay
aquí dentro ni allá afuera.

Y el desierto está ahora
vuelto hacia abajo.

La noción de moverme
olvidó mi nombre.
En el alma el cuerpo me pesa.
Me siento una cortina
colgante en la sala
donde yace alguien muerto.

Algo cayó
y tintineó en el infinito.

II

En la sombra Cleopatra yace muerta.
LLueve.

Abanderan el barco de modo equivocado.
Llueve siempre.

¿Para qué miras la ciudad lejana?
Tu alma es la ciudad lejana.
Llueve fríamente.

Y mientras la madre arrulla en el pecho un hijo muerto -
todos nosotros arrullamos en el pecho un hijo muerto.
Llueve, llueve.

La sonrisa triste que sobra en tus labios cansados,
la veo en el gesto con que tus dedos no dejan tus anillos.

¿Por qué es que llueve?

III

¿De quién es el mirar
que acecha por mis ojos?
Cuando pienso que veo,
¿quién continúa viendo
mientras estoy pensando?
¿Por qué caminos prosiguen,
no mis tristes pasos,
sino la realidad
de tener pasos conmigo?

A veces, en la penumbra
de mi cuarto, cuando
para mí mismo
en alma apenas existo,
toma cualquier otro sentido
en mí el Universo -
es una mancha confusa
de ser consciente sobre
mi idea de las cosas.

Si encendieran las velas
y no hubiese apenas
la vaga luz de afuera -
de no sé qué lámpara
escondida en la calle-
tendría hoscos deseos
de no haber nada más
en el Universo y en la Vida
que el oscuro momento
de mi vida presente:

un momento afluente
de un río en devenir
olvidarse de ser,
espacio misterioso
entre espacios desiertos
cuyo sentido es nulo
y sin ser nada la nada.
Y así la hora pasa
metafísicamente.

IV

Mis ansiedades caen
por la escalera.
Mis deseos se columpian
en medio de un jardín vertical.
En la momia la posición es absolutamente exacta.

Música lejana,
música excesivamente lejana,
para que la vida pase
y la cuchara olvide el gesto.

V

¿Por qué abren las cosas sus alas para que pase?
Tengo miedo de pasar entre ellas, tan detenidas conscientes.

Tengo miedo de dejarlas atrás al abandonar la máscara.

Pero siempre hay cosas detrás de mí.
Siento sus ojos ausentes al mirarme, y estremezco.
Sin mecerse, siento las paredes vibrar en mí.
Hablan conmigo las sillas sin voz para decirme nada.
Los dibujos del mantel cobran vida, cada uno es un abismo.
Reluce sonriente conbios invisibles
la puerta al abrirse conscie
sin que la mano sea más que un camino para abrirse.
¿Desde dónde me miran?
¿Qué cosas incapaces de mirar están mirándome?
¿Quién acecha todo?

Las aristas me observan.
Realmente sonríen las paredes lisas.
Sensación de ser tan sólo mi columna.

Las espadas.

6 de septiembre de 2010

Nona (Segunda versión)

para A

Pasó el invierno
la sombra de los árboles dormita
jasjdskdEs tiempo

Laberinto de horas
jsdjaoeosdososdciego minotauro sin cordeles
entre palabras no dichas
ksaodoaododlflsescribo tus nombres
ksalqoeoeorifkdldpqpepde un espejo a otro
la mirada se rinde silenciosa

Todo está consumado
jqoeirorozlzkjhqjhejetu cuerpo espera

Mediodía

3 de septiembre de 2010

Mediodía (segunda versión)

El día hierve
en blanco
jdsjsjdspesadamente
Silencio
jskdlos pájaros abandonan el cielo

kdsjdjaheudkdkflfgpdQuomodo sedet sola
jskdfkfwieieierrfjfjdjskcivitas plena populo
Tiresias duerme
jdsjsjdjsjsjdksksAttendite
sobre pechos caídos
jakdsksdlañqlelet videte

Ciudad desolada
jsdjsjskkskdkreposa
entre ventanas cegadas por luz
jdskskdla sed se estanca

Arde la mañana

15 de agosto de 2010

Otro de Reis (antes de iniciar el ciclo ortónimo)

Maestro, son plácidas
todas las horas
que perdemos,
si en el perderlas,
como en un jarro,
ponemos flores.

No hay tristezas
ni alegrías
en nuestra vida.
Así sepamos,
sabios incautos,
el no vivirla,
jsjsdjdkdkd
sino recorrerla,
tranquilos, plácidos,
siendo los niños
nuestros maestros,
los ojos llenos
de Naturaleza...

Al borde del río,
al borde del camino,
conforme calla,
siempre en el mismo
leve descanso
de estar viviendo.
El tiempo pasa,
no dice nada.
Envejecemos.
Sepamos, casi
maliciosos,
dejarnos ir.

No vale la pena
hacer ni un gesto.
No se resiste
al dios atroz
que a sus propios hijos
devora siempre.

Cortemos flores.
Mojemos leves
nuestras manos
en los ríos calmos,
para aprender
también su calma.

Girasoles siempre
mirando al sol,
partiremos de la vida
tranquilos, no teniendo
ni el remordimiento
de haber vivido.

30 de julio de 2010

Escala

ahshdjdjdfkskC
ahshdjdkfkfldlslfa
ahshgdhdhfjfjfjfi
ahshjdjdjdjfkfkfkf g
ahsjsjdkdkfklflglglhj o

shdkskdkdllalslss
ahsjekekkdldlsle
asjsjdkdfklflflflr
ajsksldldñdññskp
ajsjskdkdkdlflflflflfi
ajsjskdldlflfñfñfñfñfñe
jajshdhdhjfjjshjajaqhysn
ajsjdflslsllalalalalajwjwuqqt
hasjkdkldldlflfkgjgjfjdhsse

ahsjdjdkdkskslalalañaa
habdmlfljwjwhsusixoso l

hashdjdjqhehehajzjsjashssv
ahssjdjdkkakdsjaqjqhjeheheea
hashsajsajkdkdkfkgrrudhd c
hahsgtisioalqkakmakakaí
pytoerkdsjsdjdsnfwerro

19 de julio de 2010

Opus

isisisisisAhora
jsjdcae
hdhdjdjmi voz
(espejo
jsjsjdkdklfflflfldvacío)
jajsjsjdjjdonde
jakdkdkdkdkd otra voz
jsjsjsjsjsjgira
jzjzjzentre polvo

9 de julio de 2010

Centro

hdhdjdhdhdjdjNada
ahdjdjajborrando la espiral
contorno
hshshsjsjssjsjsvórtice
jsjsjsjsjsjsjsjsjjsjskalalqlavértice
de una línea
kskskskskskskqapejdkdesfera
ksjdjdklsllañen blanco
hshshshshakalfhejljlsjlfdsin centro
jsbdoqhélice
jskapropy`6lsmjekekesin más
hshfb¡respira
hsjsksksksksxabismo
jsjskdsvuelta
jsjskxkslañsde otro sueño
ndkdkflglhltkkrjdjdjsjs éste
retorno indistinto
hdjskskalalskdjddjakakaa otra voz
jsakalqlejejrjncdjdkalsjdjsque es mía
njajkdkdkdklfken tu rostro

6 de julio de 2010

Nona

Para D
jsjdkdkfEl cielo
jsjsjsjsmcae a plomo
ksjdjdkfjghfhdhen ojos ausentes
hsjdjdkdkfklglglglglglglglglglldldl
Ciudades esperan
hdssjsjjdkfkfl Los muros callan
jdjsjdjfh
jajsjsjsjsjEscribo tus nombres
a la sombra de un árbol que dormita
jasjsajasjsjasjasjasjsajsajasjasjasjsajasjs
ksjfhbfhfdjdjdkskdkfhLaberinto de horas
ciego minotauro sin cordeles
jsjasjasjsajsajasjsajasjsjsajsajasjasjasjsajas
jdjdjsjjsjsLa mirada se rinde
jsjaisjaos Mediodía