Mostrando entradas con la etiqueta Pessoa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pessoa. Mostrar todas las entradas

5 de octubre de 2010

Caeiro: Más de El guardador de rebaños

II


Mi mirar es nítido como un girasol.
Tengo la costumbre de andar por los caminos
mirando a derecha e izquierda,
y de vez en cuando mirando hacia atrás...
lo que veo a cada instante
es aquello que nunca antes había visto,
y de eso sé muy bien darme cuenta...
sé tener el asombro esencial
que tiene un niño si, al nacer,
nota que en verdad ha nacido...

Me siento recién nacido a cada instante
para la eterna novedad del mundo...

Creo en el mundo como una margar
porque la veo. Pero no pienso en él
porque pensar es nocomprender...
el mundo no fue hecho para pensarlo
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para mirarlo y estar de acuerdo...

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos...
si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que ella es,
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe por qué ama, ni lo que es amar...

Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar...

15 de agosto de 2010

Otro de Reis (antes de iniciar el ciclo ortónimo)

Maestro, son plácidas
todas las horas
que perdemos,
si en el perderlas,
como en un jarro,
ponemos flores.

No hay tristezas
ni alegrías
en nuestra vida.
Así sepamos,
sabios incautos,
el no vivirla,
jsjsdjdkdkd
sino recorrerla,
tranquilos, plácidos,
siendo los niños
nuestros maestros,
los ojos llenos
de Naturaleza...

Al borde del río,
al borde del camino,
conforme calla,
siempre en el mismo
leve descanso
de estar viviendo.
El tiempo pasa,
no dice nada.
Envejecemos.
Sepamos, casi
maliciosos,
dejarnos ir.

No vale la pena
hacer ni un gesto.
No se resiste
al dios atroz
que a sus propios hijos
devora siempre.

Cortemos flores.
Mojemos leves
nuestras manos
en los ríos calmos,
para aprender
también su calma.

Girasoles siempre
mirando al sol,
partiremos de la vida
tranquilos, no teniendo
ni el remordimiento
de haber vivido.

1 de julio de 2010

Más de Álvaro de Campos

¡Qué noche serena!
¡Qué lindo enlunar!
¡Qué linda barquilla
danzando en el mar!

Suave, todo el pasado -lo que hubo aquí de Lisboa- resurge para mí...
el tercer piso de las tías, el sosiego de entonces,
sosiego de variada especie,
la infancia sin futuro pensado,
el ruido aparentemente continuo de su máquina de coser,
y todo bien y a la hora,
de un bien y una hora propios, hoy muertos.

Dios mío, ¿qué hice de la vida?

¡Qué noche serena!
¡Qué lindo enlunar!
¡Qué linda barquilla
danzando en el mar!

¿Quién cantaba eso?
Eso allá estaba.
Recuerdo, pero olvido.
Y duele, duele, duele...

Por amor de Dios, detengan esto dentro de mi cabeza...

9 de junio de 2010

Continuación del ciclo de traducciones de Álvaro de Campos

La vida es para los inconscientes (oh Lidia, Celimène, Daisy)
Y lo consciente es para los otros -lo consciente sin la Vida.
Fumo el cigarro, que huele bien aparte de los otros,
Y soy ridículo para ellos, porque los observo y me observan.
Pero no me importo.
Me desdoblo en Caeiro, y en técnico,
Técnico en máquinas, técnico en gente, técnico en modas...
Y de lo que descubro en torno mío no me hago responsable ni en verso
El estandarte roto, cosido en seda, de los imperios del Maple-
Métanlo en la gaveta de las cosas póstumas y basta...

23 de mayo de 2010

Y otro...

Lidia, ignoramos. Somos extranjeros
donde sea que estemos.

Lidia, ignoramos. Somos extranjeros
donde sea que habitemos. Todo es ajeno
y no habla nuestra lengua.

Hagamos de nosotros mismos el refugio
donde escondernos, tímidos al insulto
del tumulto del mundo.

¿Qué más quiere el amor que no ser de los otros?
Como un secreto dicho en los misterios,
sea sagrado por nuestro.

Ricardo Reis

14 de mayo de 2010

Tercer poema del ciclo...

Cuando, Lidia, llegue nuestro otoño
con el invierno que hay en él, guardemos
un pensamiento, no para la futura primavera, que es de otros,
ni para el estío, de quien estamos muertos,
sino para lo que queda de cuanto pasa-
el amarillo presente que las hojas viven y las hace distintas.

Ricardo Reis

10 de mayo de 2010

Más de Reis

Estás solo. Nadie lo sabe. Finge y calla.
Pero finge sin fingimiento.
Nada esperes que en ti ya no exista,
cada uno consigo mismo es triste.
Tienes sol si hay sol, ramas si ramas buscas,
suerte si la suerte es dada.

6 de mayo de 2010

Un poema de Ricardo Reis

Prefiero rosas, amor mío, a la patria,
y antes amo las magnolias
que la gloria y la virtud.

En tanto la vida no me canse, dejo
que la vida por mí pase
siempre que yo quede el mismo.

¿Qué importa a aquel a quien ya nada importa
que uno pierda y otro venza
si la aurora raya siempre,

si cada año con la primavera
las hojas aparecen
y cesan con el otoño?

Y el resto, las demás cosas que los humanos
añaden a la vida,
¿qué aumenta en mi alma?

Nada, salvo el deseo de indiferencia
y la confianza vaga
en la hora que escapa.

6 de abril de 2010

Insomnio

No duermo, ni espero dormir.
Ni aún en la muerte espero dormir.

Me espera un insomnio del ancho de los astros,
y un bostezo inútil extenso como el mundo.

No duermo; no puedo leer cuando despierto de noche,
no puedo escribir cuando despierto de noche,
no puedo pensar cuando despierto de noche -
¡Dios mío, ni puedo soñar cuando despierto de noche!

¡Ah, el opio de ser cualquier otra persona!

No duermo, yazgo, cadáver despierto, sintiendo,
y mi sentimiento es un pensamiento vacío.
Pasan por mí, trastornadas, cosas que me sucedieron
-todas aquellas por las que me arrepiento y me culpo.
Pasan por mí, trastornadas, cosas que no me sucedieron
-todas aquellas por las que me arrepiento y me culpo;
pasan por mí, trastornadas, cosas que no son nada,
y hasta por esas me arrepiento, me culpo, y no duermo.

No tengo fuerza para tener energía para encender un cigarro.
Miro la pared límite del cuarto como si fuese el universo.
Allá afuera está el silencio de todo eso.
Un gran silencio aterrador en cualquier otro momento,
en cualquier otro momento en que pudiese sentir.

Estoy escribiendo versos realmente simpáticos -
versos que dicen que no tengo nada que decir,
versos que se obstinan en decir esto
versos, versos, versos, versos, versos...
tantos versos...
¡y toda la verdad, y toda la vida, fuera de ellos y de mí!

Tengo sueño, no duermo, siento y no sé qué sentir.
Soy una sensación sin la correspondiente persona,
una abstracción de autoconciencia sin qué,
salvo lo necesario para sentir conciencia,
salvo -quién sabe salvo qué...

No duermo. No duermo. No duermo.
¡Qué sueño tan grande por toda la cabeza y encima de los ojos y en el alma!
¡Qué sueño tan grande en todo, excepto en el poder dormir!

Oh, madrugada, tardas tanto... ven...
ven, inútilmente,
a traerme otro día igual a éste, seguido por otra noche igual a ésta...
ven y traeme la alegría de esa esperanza triste,
porque siempre eres alegre y siempre traes la esperanza,
según la vieja literatura de las sensaciones.

Ven, trae la esperanza, ven, trae la esperanza.
Mi cansancio entra por el colchón.
Me duele la espalda por no estar acostado de lado.
Si estuviese acostado de lado, me dolería la espalda por estarlo.
¡Ven, madrugada, llega!

¿Qué hora es? No sé.
No tengo energía para extender la mano hasta el reloj,
no tengo energía para nada, para nada, para nada más...
sólo para estos versos, escritos al día siguiente.
Sí, escritos al día siguiente.
Todos los versos son escritos siempre al día siguiente.

Noche absoluta, sosiego absoluto, allá afuera.
Paz en toda la Naturaleza.
La Humanidad reposa y olvida sus amarguras.
Exactamente.
La Humanidad olvida sus alegrías y amarguras.
Es costumbre decirlo.
La Humanidad olvida, sí, la Humanidad olvida.
Exactamente. Pero no duermo.


Fernando Pessoa - Álvaro de Campos

7 de marzo de 2010

Aplazamiento

Pasado mañana, sí, sólo pasado mañana...
Pasaré mañana pensando en pasado mañana,
y así será posible; pero no hoy...
No, hoy nada; hoy no puedo.
La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva,
el sueño de mi vida real, intercalado,
el cansancio anticipado e infinito,
un cansancio de mundos para tomar el tranvía...
Esta especie de alma...
Sólo pasado mañana...
Hoy quiero prepararme,
quiero prepararme para pensar mañana en día siguiente...
Ése que es el decisivo.
Tengo ya los planos trazados; pero no, hoy no dibujo planos...
Mañana es el día de los planos.
Mañana me sentaré en la oficina para conquistar el mundo;
pero sólo conquistaré el mundo pasado mañana...
Tengo ganas de llorar,
tengo ganas de llorar, mucho, de repente, desde adentro...

No, no quieran saber nada más, no lo digo, es secreto.
Sólo pasado mañana...
Cuando era niño, el circo del domingo me divertía toda la semana.
Hoy sólo me divierte el circo del domingo de toda la semana de mi infancia...
Pasado mañana seré otro,
mi vida habrá de triunfar,
todas mis cualidades reales de inteligente, culto y práctico
serán proclamadas por edicto...
Pero por un edicto de mañana...
Hoy quiero dormir, redactaré mañana...
Por hoy, ¿cuál es el espectáculo que me repetirá la infancia?
Lo mismo da comprar los boletos mañana,
que hasta pasado mañana será bueno el espectáculo...
Antes, no...
Pasado mañana tendré la pose pública que mañana estudiaré.
Pasado mañana seré finalmente el que hoy nunca puedo ser.
Sólo pasado mañana...
Tengo sueño como tiene frío el perro vagabundo.
Tengo mucho sueño.
Mañana te diré las palabras, o pasado mañana...
Sí, tal vez sólo pasado mañana...

El porvenir...
Sí, el porvenir...


Fernando Pessoa - Álvaro de Campos

25 de febrero de 2010

Lisbon revisited (1923)

No: no quiero nada.
Ya dije que no quiero nada.

No me vengan con conclusiones.
La única conclusión es morir.

¡No me traigan estéticas!
¡No me hablen de moral!
¡Saquen de aquí la metafísica!
No me pregonen sistemas completos, no me presenten conquistas
de las ciencias (de las ciencias, Dios mío, de las ciencias) -
¡De las ciencias, las artes, la civilización moderna!

¿Qué mal hice a todos los dioses?

¡Si tienen la verdad, quédensela!

Soy un técnico, pero sólo tengo técnica dentro de la técnica.
Aparte de eso, estoy loco, con todo el derecho a estarlo.
Con todo el derecho a estarlo, ¿oyeron?
¡No me molesten, por amor de Dios!

¿Me querían casado, fútil, cotidiano y tributable?
¿Me querían lo contrario de esto, lo contrario de cualquier cosa?
Si yo fuera otra persona, les haría, a todos, su voluntad.
Así, como soy, ¡tengan paciencia!
¡Váyanse al diablo sin mí,
o déjenme irme solo al diablo!
¿Para qué habríamos de ir juntos?

¡No me tomen del brazo!
No me gusta que me tomen del brazo. Quiero estar solo.
¡Ya dije que soy solitario!
¡Ah, qué fastidio querer que sea compañía!

¡Oh, cielo azul, -el mismo de mi infancia-
eterna verdad vacía y perfecta!
¡Oh, suave Tajo, ancestral y mudo,
pequeña verdad donde el cielo se refleja!
¡Oh, pesar revisitado, Lisboa de entonces, de hoy!
Nada me das, nada me quitas, nada eres que yo sienta.

¡Déjenme en paz! No tardo, que yo nunca tardo...
Y mientras llegan el Abismo y el silencio, ¡quiero estar solo!

Álvaro de Campos - Fernando Pessoa

16 de febrero de 2010

Mecanografía

Trazo, solitario, en mi cubículo de ingeniero, el plano,
firmo el proyecto, aquí aislado,
distante hasta de quien soy.


Al lado, acompañaniento banalmente siniestro,
el tic-tac estallante de las máquinas de escribir.


¡Qué náusea de la vida!
¡Qué abyección esta regularidad!
¡Qué sueño este ser así!


Otrora, cuando fui otro, eran castillos y caballeros
(ilustraciones, tal vez, de cualquier libro de infancia),
otrora, cuando fui verdadero a mi sueño,
eran grandes paisajes del Norte, explícitos de nieve,
eran grandes palmares del Sur, opulentos de verdes.


Otrora.


Al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
el tic-tac estallante de las máquinas de escribir.


Todos tenemos dos vidas:
la verdadera, que es la que soñamos en la infancia,
y que seguimos soñando, ya adultos, en un sustrato de niebla;
la falsa, que es la que vivimos con los otros,
que es la práctica, la útil,
aquella en que acaban por meternos en un cajón.


En la otra no hay cajones, ni muertes,
hay sólo ilustraciones de la infancia:
grandes libros coloreados para ver, pero no para leer;
grandes páginas de colores para recordar más tarde.
En la otra somos nosotros,
en la otra vivimos;
en esta morimos, que es lo que vivir quiere decir;
en este momento, por la náusea, vivo en la otra...


Al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
sí, no pensando, despierto,
alza la voz el tic-tac estallante de las máquinas de escribir.


Álvaro de campos

20 de enero de 2010

Lisbon revisited (1926)

Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al mismo tiempo.
Ansío con angustia de hambre de carne
lo que no sé qué sea -
definidamente por lo indefinido...
Duermo inquieto, y vivo en el soñar inquieto
de quien duerme inquieto, soñando a medias.
Me cerraron todas las puertas abstractas y necesarias.
Corrieron las cortinas de todas las hipótesis que podría ver desde la calle.
No está en el callejón encontrado el número de puerta que me dieron.
Desperté a la misma vida en la que me había dormido.
Hasta mis ejércitos soñados sufrieron la derrota.
Hasta msi sueños se sintieron falsos al ser soñados.
Hasta la vida sólo deseada me harta -hasta esa vida...
Comprendo en intervalos inconexos;
escribo por lapsos de cansancio;
y un tedio hasta del tedio me arroja a la playa.
No sé qué destino o futuro corresponde a mi angustia sin timón;
no sé qué islas del Sur imposible me aguardan náufrago;
o qué palmares de literatura me darán al menos un verso.
No, no sé esto, ni otra cosa, ni cosa alguna...
Y, en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo que soñé,
en los campos últimos del alma, donde recuerdo sin causa
(y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),
en los caminos y atajos de los bosques lejanos
donde supuse mi ser,
huyen desmantelados, últimos restos
de la ilusión final,
mis ejércitos soñados, derrotados sin haber sido,
mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.
Otra vez te veo,
ciudad de mi infancia pavorosamente perdida...
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí...
¿Yo? ¿Pero soy el mismo que aquí vivió, y regresó,
y aquí volvió a regresar, y a regresar?
¿Y aquí de nuevo volvió a regresar?
¿O somos todos los Yo que estuve aquí o estuvieron,
una serie de cuentas-entes ensartadas por un hilo-memoria,
una serie de sueños míos en alguien fuera de mí?
Otra vez te veo,
con el corazón más lejano, el alma menos mía.
Otra vez te veo -Lisboa y Tajo y todo-,
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí como en cualquier parte,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma a errar en salas de recuerdos,
con el ruido de ratones y de tablas que crujen
en el castillo embrujado del tener que vivir...
Otra vez te veo,
sombra que apsa a través de sombras, y brilla
un momento ante una luz fúnebre desconocida,
y entra en la noche como la estela de un barco se pierde
en el agua que dejamos de oír...
Otra vez te veo...
¡Pero, ay, a mí ya no me veo!
se rompió el espejo mágico en que volvía verme, idéntico,
y en cada fragmento fatídico veo tan sólo un pedazo de mí -
¡Un pedazo de ti y de mí!
F. Pessoa - Álvaro de Campos

25 de diciembre de 2009

Trapo (F. Pessoa - Álvaro de Campos)

El día acabó en lluvia.
La mañana, sin embargo, era bastante azul.
El día acabó en lluvia.
Desde temprano, ya estaba un poco triste.
¿Anticipación? ¿Tristeza? ¿Nada?
No sé: ya al despertar estaba triste.
El día acabó en lluvia.

Ya lo sé: la penumbra de la lluvia es elegante.
Ya lo sé: el sol oprime por ser tan ordinario, un elegante.
Ya lo sé: ser susceptible a los cambios de luz no es elegante.
Pero, ¿quién dijo al sol o a los otros que quiero ser elegante?
Denme el cielo azul y el sol visible.
Niebla, lluvias, nublados -eso ya está en mí.

Hoy sólo quiero sosiego.
Hasta amaría el hogar, siempre que no lo tuviera.
Hasta llegan a darme sueño las ganas de tener sosiego.

¡No exageremos!
De veras, tengo sueño, sin razón.
El día acabó en lluvia.

¿Cariños? ¿Afectos? Son recuerdos...
Es necesario hacerse niño para tenerlos...
¡Mi madrugada perdida, mi cielo azul verdadero!

Bonita boca la de la hija del casero,
pulpa de fruta de un corazón para comerse...
¿Cuándo fue eso? No sé...
En el azul de la mañana...

El día acabó en lluvia...

1 de octubre de 2009

Escrito en un libro abandonado durante el viaje (F. Pessoa - Álvaro de Campos)

Vengo de rumbos de Beja.
Voy para el centro de Lisboa.
No traje nada y no encontraré nada.
Tengo el cansancio anticipado de lo que nunca hallaré.
Y la saudade que siento no es por el pasado ni el futuro.
Dejo escrita en este libro la imagen de mi designio muerto:
Fui, como hierba, y no me arrancaron.

26 de marzo de 2008

Un poema de Fernando Pessoa (Versión de Alberto Luquín)

Oí contar que entonces, cuando en Persia
Había no sé qué guerra,
Cuando la invasión incendiaba la ciudad
Y las mujeres gritaban,
Dos jugadores de ajedrez jugaban
Su continuo juego.


Bajo la sombra de un gran árbol miraban
El antiguo tablero,
Y al lado de cada uno, en espera
De sus momentos más holgados,
Cuando había movido la pieza, y ahora
Esperaba el adversario,
Una jarra de vino refrescaba
Sobriamente su sed.


Ardían casas, saqueadas eran
Arcas y paredes,
Violadas, las mujeres eran puestas
Contra los muros caídos,
Traspasadas de lanzas las criaturas
Eran sangre en las calles…
Pero donde estaban, cerca de la ciudad,
Y lejos de su ruido,
Los jugadores de ajedrez jugaban
Su juego de ajedrez.

Aunque en los mensajes del viento desierto
Les llegaran los gritos,
Y, al pensar, supieran en el alma
Que ciertamente las mujeres
Y las tiernas hijas eran violadas
En la distancia próxima,
Aunque, cuando lo pensaban
Una sombra ligera
Les cruzara la frente distante y vaga,
En poco tiempo sus ojos tranquilos
Volvían su atenta confianza
Al viejo tablero.


Cuando el rey de marfil está en peligro,
¿Qué importan la carne y los huesos
De hermanas, madres y criaturas?
Cuando la torre no cubre
La retirada de la reina blanca,
El saqueo poco importa.
Y cuando la mano confiada pone en jaque
Al rey adversario,
Poco pesa en el alma que a lo lejos
Los hijos mueran.

Lo mismo si, de repente, sobre el muro
Asoma el rostro sañudo
Del guerrero invasor, y en poco tiempo deba
Ensangrentado ahí mismo caer
El solemne jugador de ajedrez,
El momento previo
(Todavía dado al cálculo de un lance
Para hacerlo horas después)
Esté aún entregado al juego predilecto
De los grandes indiferentes.

Caigan ciudades, sufran los pueblos, terminen
La libertad y la vida.
Los bienes tranquilos y heredados
Que ardan y se arrebaten,
Pero cuando la guerra los juegos interrumpa,
Esté el rey sin jaque,
Y el peón de marfil más avanzado
Dispuesto a tomar la torre.

Hermanos míos amémonos en Epicuro
Y lo entenderemos mejor
Entre nosotros mismos que con él,
Aprendamos de la historia
De los serenos jugadores de ajedrez
Cómo pasar la vida.

Todo lo que es serio poco nos importe,
Lo grave poco pese,
El impulso natural de los instintos
Ceda al inútil gozo
(Bajo la sombra tranquila de los árboles)
De jugar un buen juego.

Lo que nos llevamos de esta vida inútil
Lo mismo da si es
La gloria, la fama, el amor, la ciencia o la vida
Como si fuera apenas
El recuerdo de un juego bien jugado
Y una partida ganada
A un jugador mejor.

La gloria pesa como un fardo,
La fama como la fiebre,
El amor cansa, porque va en serio y busca,
La ciencia nunca encuentra,
Y la vida pasa y duele porque lo sabe…
El juego de ajedrez
Apresa toda el alma, mas, perdido, poco
Pesa, pues es nada.

¡Ah!, bajo las sombras que sin querer nos aman,
Con una jarra de vino
Al lado, y atentos sólo al inútil oficio
Del juego de ajedrez
Con todo y que el juego sea apenas un sueño
Y no haya compañero,
Imitemos a los persas de esta historia,
Y, mientras afuera,
Cerca o lejos, la guerra y la patria y la vida
Nos llamen, dejemos
Que lo hagan en vano, cada uno
Bajo las sombras amigas
Soñando, él, los compañeros, y el ajedrez
Su indiferencia.

Alberto Luquín (Chihuahua, 1979). Sus textos han aparecido en los periódicos Nuevo Amanecer de Querétaro y El Financiero y en las revistas literarias Vacío (Querétaro; I.M.C. /Arte Diem Promotores Culturales), Heurística (ITESMCQ) y El Ornitorrinco Provinciano, en cuyo consejo editorial participa. Asimismo, formó parte del consejo editorial de Filofagia, revista nacional de estudiantes de filosofía (Facultad de Filosofía, U.A.Q.). Publicó, con Arte Diem, las plaquettes Asíndeton (individual, ilustrada por Pedro Brull) y Ceci n’est pas une pipe (colectiva, en colaboración con el ITESMCQ) y ha participado en diversos talleres y diplomados impartidos por Francisco Cervantes, Guillermo Samperio, Carmen Alardín, Jorge F. Hernández, Federico Patán, Francisco Segovia, Antonio Deltoro y Francisco R. Nieto, entre otros, y como oyente en las clases magistrales de Horacio Franco y Sadao Harada. Coordinó, a su vez, talleres infantiles en el I.M.C. de Querétaro. Posee estudios de filosofía en la U.A.Q. y actualmente cursa la Terminal en Estudios Literarios de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas de la U.M.S.N.H, mientras realiza proyectos de difusión y promoción cultural.